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De comienzo a fin.

Se miraron con esa sonrisa cómplice y no hacía falta que hablaran, el sentimiento era más puro y hablaba por ellos. En aquél sillón blanco él se levantó y dijo que lo esperara sin moverse, volvió con la felicidad desbordando por los poros.

– No creíste que te iba a dejar que te fueras así no?

-Y vos no pensabas que yo te iba a dejar así no?

Con un beso sellaron lo que sentían y el corazón nuevamente se les salía por la boca, esos anillos no eran más que eso, anillos. La materialización burda de algo intangible y que no podía explicarse.

Sólo era un tiempo, no hay algo a lo que el amor no pueda sobreponerse. El día había llegado y se despidieron con lágrimas que eran imposibles de retener. Se despidieron en la puerta, verse alejar uno del otro en el aeropuerto iba a ser demasiado.

Caminando por la playa días después, él recordaba esos momentos de corridas y juegos inocentes desde que eran niños y hasta hace una semana que habían ido para que las olas los abracen y sientan que llenaban todo el océano del más puro sentimiento. La nostalgia lo invadía y su alma se disecaba, pero el sentirse egoísta al retenerlo, eso no era amor. Y no hacía falta decir más.

A través de la web cam se hablaban y tenían esas charlas subidas de tono que intentaban reemplazar esa euforia y erotismo salvaje que tenían entre sábanas. No podían estar separados ni un instante, pero cada vez se hacía más difícil.

Del otro lado, él pensaba en aguantar solamente, contaba las horas para poder conectarse a su laptop y verlo, sentirlo, escucharlo. Reproches de llamadas no realizadas y celos absurdos se hacían frecuentes, pero no era nada más que nostalgia. Nostalgia por estar separados y juntos al mismo tiempo, entendían que era lo que habían elegido pero aún así sus almas se estaban disecando.

La emoción de verse a través de una pantalla iba pasando de a poco a rutina con gusto a tristeza, ya no podían más. Casi ni se acordaban cuando había sido la última vez que se habían reído o disfrutado lejos de esas cuatro paredes con wi fi. Estaban al borde del colapso.

– No creíste que iba a dejar las cosas así no?

No hizo falta decir nada, otra vez esa ola de emociones juntas que se resumían en lo mismo, amor.

Sentían que sus corazones empezaban a latir de nuevo, que el tiempo se detenía, que volvían a ser uno… en realidad nunca dejaron de serlo, sólo que lo estaban olvidando.

Y detrás de esa puerta, que jamás pensó abrir estaba él. Ese frío gélido de Rusia los abrazo a los dos intentando mitigar ese fuego sagrado que los envolvía, pero era imposible, aquello que sentían era impenetrable.

Nunca más se separarían, la felicidad no estaba en cumplir un sueño. La felicidad…

La felicidad eran ellos.

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