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Elixir

Al fin llegamos a casa, esa lluvia de mierda que nos había mojado por unas cuántas cuadras ya había quedado atrás. Amaba la lluvia, pero cuando tenía un vidrio por delante para conteplarla o un taxi para recorrerla, de todas maneras debí agradecerle porque me daba un adelanto de lo que estaba por venir.

Le dije que se sacara la ropa, que le daba una muda nueva seca para que no se enfermera, me miro con algo de desconfianza o quizás leyó alguna de mis intenciones en ese momento. Me fui y lo dejé solo en la pieza, agarré esa remera Armani que yo sabía que tanto le había gustado aquella vez que le dije que me la iba a comprar por internet, la que era bien de puto, tenía cuello en V como no podía ser de otra forma y la AX en dorado en el pecho con unas líneas que las subrayaban y daban toda la vuelta en espiral hacia abajo, unos jeans holgados fáciles de sacar, y unas Converse viejas que compré al pedo hace más de un año y nunca usé, calzábamos lo mismo asi que sabía bien como venía la mano. Mientras se secaba en el baño le dejé la muda en la cama y me fui, ese olor en la habitación de huéspedes me ponía un poco incómodo.

La cocina olía bien, Teresa seguro hacía unos pocos minutos que se había ido porque la comida estaba caliente y no hizo falta calentarla. Descorchamos el buen vino que compró en la vinoteca dónde vi su anuncio por casualidad pegado afuera y compartimos una excelente velada. No pensé que iba a tener tanto en común con alguien tan distinto a mí, o tal vez en la cáscara diferente a mí, porque en respuestas rápidas, ácidas y calientes estabamos casi a la par, aunque claro, yo era un poco mejor. Se paró con su copa a medio llenar de chardonnay y miró para afuera, sin mirarme y la verdad que no hacía falta con el hermoso culo que tenía para contemplar, me dijo:

– No beso en la boca y nada de gemidos a los putito maraca, no creo que seas ese perfil pero en la cama aparecen cosas que uno no espera a veces.

– ¿Cosas como qué?. Le dije

– No sé, cosas, la gente se transforma en la cama a veces, parece que quiere liberar toda una vida reprimida en 10 minutos de garche. Y no funciona así.

Su respuesta sonó cauta y su voz se engrosó un poco, vino un poco de tensión pero la verdad quería que todo fluyera y que la tensión quedara de las puertas para afuera. Entonces mirando su cara en el reflejo le respondí:

– Todos nos transformamos todo el tiempo, la cama es algo más, sólo que algo más personal e íntimo. Aunque no quieras desnudás tu alma por un segundo, y eso es lo que uno no está acostumbrado a ver.

– Puede ser… La verdad es que desnudar almas no sé si es mi fuerte, pero culos y sacar remeras puede decirse que es mi especialidad.

Me reviró mi intento de charla filosófica y tomó su último sorbo de vino y se dirigió a mí cual tigre agazapado en busca de su presa, lento, con la mirada fija en mis ojos y con cada paso aseguraba su captura. O eso creía.

Me agarró la mano y me la apoyó en su pecho, tomó mi dedo índice y se lo llevó a la boca. Me paré, lo olfateé y aún cuando llevaba ropa que no era de él y la lluvia lo había mojado de pies a cabeza guardaba esa esencia de macho que era innegable en alquien como él. Cuando tuve mi boca al lado de su oído le susurré:

– Sólo quiero un beso.

– Sabés que puedo darte mucho más que eso. Respondió en el mismo tono de voz y casi tomándolo como un juego.

– De todas formas, de esta noche y de vos sólo quiero un beso.

Me miró un poco fijo y noté algo disturbada su mirada, creo que estaba esperando que le diga que era una broma, lo cuál nunca sucedió.

– Quiero creer que no estás hablando en serio, tanta cosa para un beso?.

Le sostuve la mirada y le dije:

– Te pago lo que acordamos, no te hagas problema, de hecho salís ganando ya que no vas a tener que hacer nada más que poner una porción de tu cuerpo.

– Te dije que no beso, eso es algo muy personal, no sé… Algo que no hago cuando hago esto.

– Pero yo quiero un beso. No quiero que nada entre ni salga de mí mas que tu esencia.

– Sos un poco pesado con el tema poético, pero sabés como son las cosas. Me encargué de aclararlas al principio.

– Ya sé, pero no necesito nada más. Te pago el doble.

– Un beso nada más?

– Sólo uno, que llene mi alma y listo.

– Ok, pero después no acepto reclamos ni cosas raras.

– Yo tampoco.

Y en esa última respuesta que le dí accedió, incentivado por la plata y algo confundido con el requerimiento de quizás para su pensamiento de un pobre boludo que quería que lo besen.

Se sacó la remera y con su torso desnudo a la luz de las velas le dije que se sentara en el sillón. Me fui al baño a lavar la cara porque aunque nunca lo hubiera creído, me puse nervioso. Volví más calmado, me senté, lo miré a esos ojos perfectamente esmeralda y le dije:

– Acordáte que yo tampoco acepto reclamos, pero soy muy buen besador.

Sin darle tiempo a responderme, acerqué mis labios y toqué los suyos. Carnosos, jóvenes y con ese rojo sangre que destilaban pasión y juventud. Fueron segundos, minutos… ¿Horas?. No lo sé.

Sólo sé que fué mágico y que cuando terminó, el quedó unos instantes con los ojos cerrados casi extasiado por lo que había ocurrido, ese sillón había conocido el fuego de la pasión por primera vez. Abrió sus esmeraldas de a poco y suspiró. Ambos sabíamos lo que había pasado. Nos conectamos, fuimos uno… él era yo y yo era él. Éramos la misma esencia, el mismo elixir.

– ¿Qué fue todo eso?. Me dijo con el primer respiro que pudo hacer.

– Te dije que no aceptaba quejas… y que era buen besador.

– Eso va más allá de saber besar o no.

– Tenés razón, soy buen besador, sé a quién beso y a quién no, y cómo hacerlo de acuerdo a la persona pero con vos además sé elegir y ver la armonía y simetría que cumplen nuestros cuerpos. Es la matemática de la pasión que te da la práctica y experiencia con un poco de intuición.

Yo sabía que era más que eso, pero no era el momento ni valía la pena decirle todo.

Me paré para buscar la plata en el dormitorio, le devolví su ropa seca y prendí la notebook. Cuando se estaba por ir le ofrecí un té que gentilmente rechazó, y cuando amagué a darle el dinero me lo envolvió de nuevo en mi mano. Se acercó a mí y me susurró:

– Guardálo para el próximo chardonnay, pero fijáte que no llueva porque tenés un balcón hermoso y quiero que la luna nos vea y envidié cuando nuestras bocas se junten.

A fin de cuentas él también tenía algo de poeta, todos lo tenemos, y mientras me mira desde la puerta y yo termino de escribir esto se va sabiendo que él es perfecto para mí y yo soy perfecto para él.

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  1. jeremías
    16/10/2011 en 12:01 AM

    Bárbaro relato. Cómo se invierten en esta historia los protagonistas. El que todo lo sabe y seguro de todo termina eclipsado con un beso, un íntimo y pasional beso, que deja pensando cuánto transmite un beso, ohh por Dios, siiii un beso!!!!! y aquel que tímido solo pide un beso…….. y que bien lo dice…… soy un pelotudo pidiendo un beso, termina entendiendo el enlace de una historia que posiblemente ya estaba escrita. Cuántas veces me habré sentido así?
    Doy rienda suelta a una segunda parte y que la imaginación me deje llevar a ese lugar en donde la luna envidia a dos que son perfectos, a dos en donde el uno para el otro son perfectos, envidiablemente perfectos. Unidos por un beso como si fuera el primero, como si fuera no el último, como si nunca existira un final y en donde aún en las historias más extrañas y confusas, se crea un principio.
    En definitiva cuántas veces me habré sentido yo también un pelotudo pidiendo un beso!!!.-

    • 16/10/2011 en 3:21 PM

      Un beso es todo muchas veces, gracias por lo que decís y me alegra que te guste!

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