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Archive for 30 octubre 2011

Después de ese instante

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No lo puedo evitar, siempre que termino de tener relaciones me siento sucio, incómodo, molesto, hasta diría que hasta a veces me invade una sensación de asco irrefrenable. No entiendo muy bien porqué o cuál será la razón que desencadena esto pero lo cierto es que una vez que el deseo pasó y la pasión se quemó en las sábanas una parte de mí se siente repulsivamente impuro.
Pensé que quizás funcionaría como respuesta hipotética a esta sensación mi homosexualidad, no porque no disfrute de ella en ese momento sino porque es algo que siento que no está del todo definido en mí (ya dediqué varios post hablando de esto así que no es algo nuevo). Otra razón a la que pude adjudicarle esta sensación es la clásica “sexo sin amor” si bien entiendo de una cuando me voy a encontrar con alguien que no es más que eso, un encuentro entre dos personas con necesidades a punto de explotar después que todo termina este sentimiento aparece casi siempre.

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Please make me better

Tu barba de tres o cuatro días me hace enloquecer.
Siento que puedo morir con tus manos ásperas recorriendo mi piel y que se van suavizando al rozar mi vergel.
Tu aroma a chico de Ontario te hace especial, y es eso mismo que siento lo que te hace vibrar.
En chico malo o perfecto galán no podés escapar, ya estás arraigado muy dentro de mí y no te tenés que asustar.
Tocáme el piano o la guitarra, o mejor más abajo… Sabés que querés y que quiero. No prohibamos el manotazo.
Intento pero no puedo, me comés la cabeza. Tu camisa blanca desabrochada me invita a lo que no debo, pero es más fuerte el deseo.
Hoy te dedico estas palabras de viernes solitario, pero contás siempre con mi amor infinito.
Con vos río, lloro y me enojo, acaso sos todo lo que escojo?

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Albañil indecente

Calor del orto, ese verano hacían unas temperaturas que rajaban la tierra. La obra iba bien, mi viejo al fin había dado con el albañil que parecía hacía bien su trabajo, cosa que un tiempo después yo iba a confirmar también en otros aspectos.
Héctor trabajaba solo, si bien eso hacía que la ampliación de la casa fuera más lenta de lo que hubiésemos querido teníamos la certeza de que el trabajo estaba bien hecho, mi viejo confiaba en él y muchas veces  lo dejaba trabajando sólo hasta que yo llegara por la tarde e hiciera el rol del patrón, o eso me gustaba pensar a mí en mi cabeza retorcida por todo lo que iba a acontecer. Era un hombre humilde, fornido, del interior, con esa piel curtida y tez trigueña que parecía tener un bronceado natural todo el año, brazos fuertes y algo lastimados por su esfuerzo en ese oficio tan rudimentario y exacto a la vez. A veces llegaba temprano y almorzábamos juntos, después de estar un mes por casa ya era alguien de confianza, aparte de ser alguien respetuoso y ubicado era de esas personas con cero maldad y que te das cuenta que son 100% transparentes. Y como siempre, esa inocencia me ponía a mil.
Con sus apenas 35 años era una persona que parecía que había vivido muchas cosas, varias charlas productivas de la vida y de tantas otras cosas salieron de esos almuerzos, tan bien la pasaba que empecé a acomodar mis horarios para estar siempre a la hora de comer.
Un día haciendo un poco de sobremesa en el patio, Héctor abrió las piernas y un agujero en el pantalón en ESA zona dejó algo al descubierto que jamás le había prestado atención.

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35 minutos (parte II)

LEER PARTE I

Me levanté al baño algo sudado, con olor a sexo para darme una ducha. Necesitaba que el agua me despeje un poco pero aún así el proceso parecía no detenerse, tenía su cara más presente que nunca, pensaba en él, lo que habíamos hecho hace unos pocos minutos y la sangre se me iba allá abajo. No podía parar.

25 minutos y ya estaba cambiado, sentado en la cama frente a ese cuadro surrealista que no me ayudaba mucho, moví el pie y me di cuenta que estaba su reloj tirado. Lo agarré extrañado, él no era de olvidarse nunca nada, es más, este reloj fue un regalo de su madre con lo cual lo hacía más especial y obsesivo con su cuidado. Ahora si tenía la excusa para escribirle y que vuelva, pero no. Mi orgullo pudo más, va a volver solito. Bueno, seguía en la cama, ¿Qué hago?. Puse su reloj en la mesa de luz y vi que marcaban 28 minutos de todo ese sexo que había invadido la habitación. Me agarró calor, desesperación, ansiedad.

Me cayó la ficha. Esas coincidencias que compartíamos nunca las había tenido con nadie, era muy pelotudo si me quedaba sentado en esa cama haciendo nada más que complacer mi vanidad. Era hora de morder el freno.

Todo parecía acelerarse de la nada al todo en un segundo, 32 minutos… Salté de la cama. Agarré mi campera, me puse las zapatillas, no había tiempo de atarlas. Cada segundo que tardara extra aumentaba la posibilidad de que se aleje más y más, y no! No quería que pase eso. Estaba al borde del colapso. Dicen que la locura es como la gravedad, un solo empujón basta para que caigamos y suframos su efecto, y eso me estaba pasando, estaba cayendo en la locura del deseo, de no ser tan pelotudo y entregarme a alguien que si valía la pena, en la locura de Melak. En la peor de las demencias.

34 minutos, la puta madre! No encuentro las llaves para cerrar el departamento, nunca me detesté tanto por ser despelotado… se estaba yendo, se alejaba de mí! DALE!

Acá están, abajo del sillón, ¿Dónde más?. Si cuando entró para verme nos empezamos a desnudar y lo primero que voló fueron las llaves junto con ese bolso de D&G que tanto le gustaba.

35 minutos, agarró el picaporte. Estoy decidido, esta vez me las juego. Se me sale el corazón por la boca, me explota el estómago de los nervios pero ya está. El que no arriesga no gana. Apago la luz, abro la puerta…

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Rienda suelta

Lanzo mis miedos al vacío, que se esfumen y se hagan trizas. Dejo que las heridas respiren aire nuevo y dejen atrás todo ese oxígeno vencido que me mantenía cautivo. Hablo cifrado, entre líneas y nadie devela el verdadero secreto, ¿Líneas muy finas quizás? ¿Líneas verdaderas después de todo?.

Grito en el silencio más oscuro de la noche, mirando, deseando, calculando y disfrutando. Sé que se viene lo que espero, de tanto repetir la mentira algún día se va a hacer realidad dijo ella. Ya no recorro esos caminos poco iluminados, sólo aquellos que marcan bien el sendero que quiero transitar. El camino que tengo que hacer, el camino que me merezco. Muchas veces me arrepentí de no haberte acompañado esa noche de Julio, con esa lluvia que nos ahogaba, que me ahogaba más a mí por dentro que toda la avenida Santa Fe llena de agua, agua turbia, agua llena de expectativas infundadas. Ssshhh… eso ya pasó.

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Ménage Á Trois

Ya era tarde para decirle que no, cuando pensaba más rápido con la cabeza de abajo que con la de arriba siempre tomaba la decisión obvia y fácil. En un momento me dieron esos nervios en el estómago que detestaba pero que al mismo tiempo me daban adrenalina y, aunque tenía algo de paranoia, era irresistible no mandarme a ese encuentro. Por otro lado, cuando me preguntó la primera vez después de haber cogido en la cama de su madre yo no le había dado ninguna negativa, por lo tanto esa tarde de enero me pregunto sin mucho tapujo por el chat.

– Che, conocí a un flaco por el chat. No sabés la pija que tiene, me la mostró por cam y le va la idea que te había dicho, la del trío. – Dejó pasar un tiempo a ver si le daba alguna respuesta, y aunque intentaba pensarlo el SI inmediato me brotaba por los poros. Vió que no ponía nada en la ventana del msn asi que siguió diciendo. – Vos me habías dicho que sí, ¿Te va? La vamos a pasar bien, aparte vas conmigo.

Arreglamos que me pasaba a buscar en el lugar de siempre. Ibamos en la combi, esa combi dónde cogimos por primera vez detrás de la estación de servicio, todavía tenía esa cama improvisada y un par de preservativos tirados. No había cambiado nada, y la esencia a sexo que guardaba ese diminuto lugar me hacía sentir bien, seguro, como en casa.

En el camino me contó que se llamaba Andrés y que no vivía muy lejos de dónde estábamos, en un intento por sonar compresivo me dijo que si en algún momento me sentía incómodo me lo dijera que nos íbamos sin dudarlo, pero me costó creerle con la emoción que lo delataba. De repente me dice “Ahí está, esa es la casa. Me dijo que nos esperaba afuera”. Y por lo poco que ví, parecía que iba a estar bueno.

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