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Crónica de una paja anunciada

 

 

 

 

 

 

 

Se había encargado que me entere que en sus momentos de calentura le importaba muy poco si la mano que lo ayudaba era la de un hombre o la de una mujer, obvio que prefería la de alguna dama para seguir elevando su líbido pero aún así me decía “yo cierro los ojos y dejo que el otro me haga suyo por esos minutos, en ese rato no quiero ser de nadie más”

 

 

 

 

 

 

Martín siempre fue el típico nene popular en el colegio, con los amigos más copados, las salidas religiosas al boliche los fin de semana, vacaciones a la cordillera a pescar en su estancia y blablabla…

Lo que nadie sabía era que en el vestuario mostraba una faceta que nadie, excepto el putito que les habla percibía porque claro, en ese momento hablábamos el mismo idioma. El de las pijas.
Varias veces coincidimos miradas en el mismo lugar, fichando el bulto de Fede el rugbier boludo o el culo blanco inmaculado de Tomás. Yo me había dado cuenta, pero cómo no le veía chance posible, rápidamente abandoné la idea de siquiera hablarle. Estábamos en grupos de amigos totalmente distintos y la verdad que me parecía un boludo. Un boludo con buena pija.
Esa tarde llegué, como siempre, tarde a la clase de gimnasia a las puteadas y todo chivado. No me quería llevar Educación Física. En eso siento que alguien entra al vestuario, como siempre fui medio tímido me tapé un poco y vi que era Martín. Lo vi por el espejo, sin remera y transpirado por jugar al fútbol era casi todo un semi dios. Cuando me vió por el reflejo me quedó mirando, no sabía que hacer, él sin decir nada se río y se fue, yo me quedé algo sorprendido pero después entendí que definitivamente estabamos en la misma frecuencia.
Cómo siempre cuando terminó la clase fui el último en ir a cambiarme, si algo que no soportaba era toda esa testosterona y ese olor a bolas tan heterosexual con chistes de por medio que no entendía y que no quería entender. Oh casualidad Martin se ofreció a acomodar las cosas con el profesor, cosa que no hacía nunca, y esperó hasta que yo entre para ir a cambiarse y bañarse también. Ya se habían ido todos, mientras me bañaba y no voy a mentir, estaba algo nervioso porque sabía y más que nada quería que algo pase. Viene a la ducha de enfrente y sin cerrar la cortina se enjuagaba lo más tranquilo, la tenía algo despierta, y por más que no quisiera admitirlo se moría de ganas por que le eche una mano. Como el señorito inglés/falta de iniciativa que soy salí de la ducha y me fui a cambiar.
Ya casi terminaba de cambiarme, hice bastante tiempo para asegurarme que salga pero lo hacía, cosa que me extraño. De repente escucho desde los baños, junto a las duchas, que me llama. Tenía la toalla colgada en el cuello, totalmente desnudo y mojado. Me pidió que lo ayude que se había acalambrado (que buena excusa). Lo agarré por la espalda y lo ayudé a sentarse en esos bancos de madera. Me miró y no hizo falta decir nada más, vi que estaba al palo. Mi mano escuchó el llamado de su ingle y sin que digamos una palabra ayudé mucho más allá del supuesto calambre al pobre Martin. Le encantaba, realmente la estaba pasando bien. Si algo había aprendido a diferenciar en las personas en ese entonces era cuando su verga les estaba doblegando el cerebro con endorfinas y gemían mentalmente de placer. Quise ir por más, pero me frenó. Parecía que con mi mano bastaba.
Terminé con partes de él sobre mi mano y con sus ojos aún cerrados suspirando me fui.
Así fue como le hice la paja a unos de los chicos más lindos y populares del colegio sin que nadie nunca lo supiera. Me acuerdo que a escondidas a veces me lo cruzaba y decía que me esperaba en el baño o que fuera a su casa. Está bien que era/soy o puedo llegar a ser un calentón de mierda a veces pero tampoco la pavada, obviamente que ganas no me faltaban. Y menos con 17 años. Pero en fin, parte del deseo y la fantasía es que uno nunca lo lleve a cabo leí una vez, y eso me pasó con este pibe; la típica de que uno jode tanto con algo que cuando lo tiene ya no tiene la misma importancia.
Me insistió un par de veces y frente a mis negativas se tornó algo violento amenazándome que no contara nada o me cagaba a piñas, y debo admitir que esa brutalidad en algún que otro escollo de esta psiquis que tengo me ponía un poco a mil, por lo cuál caí alguna que otra vez frente a sus pedidos. No fueron más de 3 o 4 ocasiones en la que mi mano y su miembro fueron los mejores amigos aunque sus respectivos dueños se llevaran como el orto.

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  1. 04/12/2011 en 12:25 PM

    ¿Solo una paja? Hubiera esperado más de un profesional como vos jejeje.
    Pero también dejaste ver una faceta un tanto (bastante) histérica de vos. Ni fácil ni difícil. Tengo un amigo gay parecido a vos en ese sentido, asique ya te voy sacando al ficha de cómo sos jejeje
    Pero estuvo bueno el relato, creo que si alguna vez te los volvés a cruzar dentro de unos años en otro lugar a ese pibe, con seguridad terminan en la cama. De una paja a lo demás hay solo un trecho.
    Un abrazo

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