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Réquiem

 

 

 

 

 

 

Me miró a los ojos y me dijo que me calle, que era tarde para excusas y lamentos. Bien ya conocía yo la frase “las disculpas siempre llegan tarde”, pero nunca se me grabó tan a fuego como aquella vez.
No quiso entender que fue algo pasajero, que mi corazón estaba con él, pero mis calzoncillos respondieron al otro. No lo juzgo, no es mi rol y tampoco me interesa, la llama vívida que había simplemente se apagó. Él con lágrimas en los ojos me repetía que me fuera, que ya estaba todo dicho y que no hacía falta repetir las cosas y seguir lastimándonos, yo por mi parte asentía con la cabeza, con esa cabeza llena de culpa por haber puesto la primer mácula de infelicidad a ese destino promisorio. Pagué con la moneda más cara esa noche de libertinaje, con lo único que me quedaba. Con lo único que tenía.
El tiempo pasó y nos reencontramos, él me vió de lejos y sonrió pícaramente. Yo me hice el distraído y encaré en la dirección opuesta a la que nuestros ojos se encontraron, pero no fui lo suficientemente rápido. Subí al ascensor y cuando se estaban cerrando las puertas que me iban a dar tranquilidad interpuso su bolsa de Tommy, cómo le gustaba esa ropa la puta madre, entró a ese cubículo metálico que ahora nos obligaba a compartir el mismo aire, cosa que no pasaba ya hace 10 años. Mi respiración se aceleró, los recuerdos afloraron, una lágrima quería salir pero aún seguía mudo. Tenía miedo, culpa, angustia. Extrañaba demasiado su mentón contra el mío los domingos por la mañana despertándome temprano para desayunar y entreverarnos en las sábanas para no abandonar la cama en todo el día. Lo seguía queriendo.
Sabía que no iba a decir nada, me agarró la mano y apretó el stop de emergencia. Me miró a los ojos y no pude contener el llanto, su mirada dulce terminó de derribar todas esos intentos de contener mis emociones. Que mirada tierna y suave que tenía. Nunca la olvidé.
Tiró la bolsa al piso y me abrazó. Hace mucho que no sentía su palpitar en mi pecho, pecho que se había enfríado desde aquél 9 de enero. Me aferré a ese abrazo, ese perfume, esa pureza del alma que me compartía en esos segundos. Al oído me dijo “te perdono, sé feliz”. Desactivó el stop y se bajó en el siguiente piso.
De repente sentí mi cara fría, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Era la almohada mojada aún con mis lágrimas que me despertaban como en muchas otras ocasiones, iluminado solo con un par de velas que había dejado por la habitación para tratar de dar calidez con algo que mi seco y helado corazón no podía dar supe que otra vez era un sueño. Maldije una y mil veces haberme despertado, quise llorarte y no pude. Sólo en ese momento con mis ojos cerrados habrías el cofre donde guardo todo eso que me pasa.
Miré una vez más tu foto sobre la mesa y suspiré despidiéndome de nuevo, rogando que me visites otra vez cuando concilie el sueño. Al menos en esos instantes puedo oler tu perfume y dejar atrás esa corona de flores que por ahora nos separa.

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  1. Tomy
    14/02/2012 en 9:30 PM

    Hola Mati, cómo estás? Me gustaria ser esa almohada que recoge tus lágrimas para poder consolarte con mi corazón. Me gustaría ser un ángel para cubrirte con mis alas y darte protección.
    Uhhh, cómo estamos hoy!!!!!!!! No lo tomes a mal, sólo es mi manera de decirte que me caés bien aun sin conocerte.
    Te mando todo mi afecto y admiración. abrazo.

    • 14/02/2012 en 10:38 PM

      Muchas gracias! Siempre es lindo leer esta clase de cosas! Abrazo para vos igual!
      Y gracias de nuevo por la fidelidad de pasarte y leer, es la mejor caricia que a alguien que escribe y le gusta puede recibir!

      • Tomy
        15/02/2012 en 9:10 PM

        Mati, quiero contarte que me estoy haciendo adicto a tu blog, entro varias veces en el dia, porque asi siento que estamos cerca.Creo además que voy camino a ser uno de tus amores platónicos, jaja.
        Abrazo y mis mejores deseos.

        PD: Así que vos también sos escorpiano?

      • 15/02/2012 en 10:40 PM

        Jajaja obsesionarte con un indeciso obsesivo? NO TE LO RECOMIENDO! jaja.. Y si así es, escorpiano fogoso y pasional (o eso dicen)
        Gracias por la buena onda.

  2. 26/02/2012 en 1:29 PM

    La historia excelente, como no podía ser de otra manera. Lo que no me gustó mucho fue el tinte fúnebre que le diste a la historia, desde el mismo título y luego al final.
    Ya se que fue algo figurativo para dar a entender la “muerte” de ese amor. Pero será que las historias de amor, ya sea que tengan o no final feliz, me gusta que siempre aflore la esperanza.
    Mas allá de eso… (y no me refiero al más allá jejeje) verdaderamente me gustó lo que escribiste. Siempre me deleito con estos escritos que te salen de no sé dónde.
    Te mando un fuerte abrazo

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