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Posts Tagged ‘Homoerótico’

André y Mirko

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Llegó el jueves…

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Trajes y alcohol. ¿Qué puede salir mal?

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Los dos sabíamos que no era época de paga, pero aún así obtuve mi aguinaldo. Leer más…

Robin y Batman

Para salir de lo clásico, esa noche Robin fue el verdadero protagonista. Leer más…

Mirko y André

Como detestaba Matemática y Química, hasta que conocí algo que me hizo disfrutarlas… Leer más…

Crónica de una paja anunciada

 

 

 

 

 

 

 

Se había encargado que me entere que en sus momentos de calentura le importaba muy poco si la mano que lo ayudaba era la de un hombre o la de una mujer, obvio que prefería la de alguna dama para seguir elevando su líbido pero aún así me decía “yo cierro los ojos y dejo que el otro me haga suyo por esos minutos, en ese rato no quiero ser de nadie más”

 

 

 

 

 

 

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Yo estudio, tu estudiás, él me coge.

Yo sabía que era medio putero, había averiguado por mi parte que algún que otro puto se había comido, pero claro, seguía siendo macho porque sólo dejaba que le chupen la pija y él daba por el culo solamente… Esa ilusión que tienen estos “heteroflexibles” de que no son nada homosexuales cosa que más de un puto agradece a veces.

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Albañil indecente

Calor del orto, ese verano hacían unas temperaturas que rajaban la tierra. La obra iba bien, mi viejo al fin había dado con el albañil que parecía hacía bien su trabajo, cosa que un tiempo después yo iba a confirmar también en otros aspectos.
Héctor trabajaba solo, si bien eso hacía que la ampliación de la casa fuera más lenta de lo que hubiésemos querido teníamos la certeza de que el trabajo estaba bien hecho, mi viejo confiaba en él y muchas veces  lo dejaba trabajando sólo hasta que yo llegara por la tarde e hiciera el rol del patrón, o eso me gustaba pensar a mí en mi cabeza retorcida por todo lo que iba a acontecer. Era un hombre humilde, fornido, del interior, con esa piel curtida y tez trigueña que parecía tener un bronceado natural todo el año, brazos fuertes y algo lastimados por su esfuerzo en ese oficio tan rudimentario y exacto a la vez. A veces llegaba temprano y almorzábamos juntos, después de estar un mes por casa ya era alguien de confianza, aparte de ser alguien respetuoso y ubicado era de esas personas con cero maldad y que te das cuenta que son 100% transparentes. Y como siempre, esa inocencia me ponía a mil.
Con sus apenas 35 años era una persona que parecía que había vivido muchas cosas, varias charlas productivas de la vida y de tantas otras cosas salieron de esos almuerzos, tan bien la pasaba que empecé a acomodar mis horarios para estar siempre a la hora de comer.
Un día haciendo un poco de sobremesa en el patio, Héctor abrió las piernas y un agujero en el pantalón en ESA zona dejó algo al descubierto que jamás le había prestado atención.

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